AFRO NAZI

Es un de los mitos urbanos más extendidos por España, algo así como la historia chilena de la yumbina y la mujer empalada en una palanca de cambio. Se dice que el nazi negro hace barridas con una camiseta que reza “perdóname dios por ser como soy”. En Madrid, Zaragoza, Menorca y Barcelona aseguran que protagonizó golpizas a inmigrantes y que posee un tatuaje que dice “me odio a mi mismo”.
Pero más allá del mito, en la Alemania nazi, un negro vivió, estudió y hasta hizo el esfuerzo de pertenecer a los camisas pardas: su nombre es Hans Jürgen Massaquoi, nieto de Momolu, rey de Liberia y Cónsul general en Alemania entre 1922 y 1929.
Un blanco perfecto
Todo se inicia con el viaje del hijo del rey Momolu, Al- Haj, como parte del cuerpo diplomático que desembarcó en Hamburgo cuando el Partido Nacional Socialista daba sus primeros pasos.
Al- Haj era un príncipe y como tal se relacionó en un ambiente aristocrático. Fue ahí donde conoció a la enfermera alemana Bertha Baetz. De la relación nació Hans en 1926, pero la pareja se separó al poco tiempo cuando Al-Haj volvió a Liberia.
La situación para Bertha y su hijo pronto empeoró. El desliz de la enfermera con el diplomático africano pasó de ser una curiosidad entre la nata social de Hamburgo para dar paso al rechazo y la desaprobación pública. Bertha era una madre soltera y además debía cargar con el estigma de tener un hijo de color.
Por eso cuando Hans cumplió cuatro años, su madre decidió abandonar Hamburgo para recomenzar su vida en Barmbeck, un barrio obrero donde Massaquoi tuvo que aprender a lidiar con sus compañeros que al verlo coreaban “negro, negro desollinador”, frase que caló tan hondo en el pequeño, que se transformó en el titulo de su autobiografía en alemán “Neger, Neger, Schornsteinfeger”.
A pesar de las burlas, Hans contó con la protección de muchos vecinos del barrio, especialmente de la “tía Moller” que lo cuidaba mientras su madre trabajaba en el hospital.
Hans recuerda que su vecina siempre veló por él. Con ella “zurció los parches nazis a su chaleco”. Era 1933, Hitler gobernaba Alemania y daba inicio a su plan de exterminación de toda “raza impura”: judíos, gitanos, homosexuales, enfermos mentales y negros fueron perseguidos.
Massaqoui tuvo suerte de no morir, la población afro no era prioridad en el exterminio nazi y como alumno regular de la escuela era utilizado como un ejemplo de la inferioridad racial. Su corta edad y su sangre alemana contribuyeron a que se librara de los campos de exterminio o de la castración que muchos negros sufrieron.
Pero Hans, como cualquier joven alemán de esa época, estaba fascinado con la figura del Fürher. A pesar que el régimen nazi nunca aceptó su condición de alemán, él insistió en pertenecer a las juventudes hitlerianas.
-Yo quería pertenecer, no había alternativa, no podía decir yo soy africano. Como cualquier alemán sentía en Hitler una figura paterna. Recuerdo que cuando lo vi tenía ocho años, los alumnos de mi colegio fuimos dispuestos a lo largo de la calle por donde el Fürher avanzaría con su mercedes. Yo estaba ahí, un muchacho negro levantando la mano entre un mar de niños rubios y de ojos azules, protegido por la ignorancia gritábamos heil Hitler, reconoce Hans en su libro.
Fue este poder hipnótico de Hitler, que lo motivó a enlistarse voluntariamente al ejército alemán. Pero no fue suficiente muestra de patriotismo para los alemanes que lo rodeaban, ya que muchas veces tuvo que escapar para no ser linchado. Nadie toleraba a una persona de color usando un traje de la SS.
Terminada la guerra Massaquoi emigró a Liberia donde se reencontró con su padre después de 18 años. Desde África se trasladó a Estados Unidos donde se enlistó en el ejército para después estudiar periodismo y participar activamente en la lucha contra el racismo como editor de la revista Ebony. Hoy a sus 80 años vive en Nueva Orleáns, donde participa activamente en la comunidad negra. Su biografía es un Best Seller en Alemania y un recuerdo bastante extraño y doloroso de esa época, donde ser negro irónicamente lo convirtió en un blanco perfecto para el nazismo.




4 Comments:
¿y este blog?
De pura sapa lo descubrí.
menos mal que escribiste la weá pa cachar los datos duros... mmm.
Debe haber sido muy dificil para este muchacho vivir entre los alemanes de esa época, bueno que hoy no ha cambiado mucho, alemanes, españoles, todos disimulan un poco pero son igual de racistas, hasta los chilenos.
Doc , la cagó la historia .... súper no tenía idea de este pedazo de vida.... y de donde chucha sacaste este blog .... ¿tenis muchos niapes fondeados por allí?
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